Una carta de amor, dos premios y un regalo
Hace dos años, escribí una carta de amor sin darme cuenta de que lo hacía en fechas muy próximas a San Valentín. Este 14 de Febrero hará también dos años que esa carta recibió un premio. Bien, pues el lunes por la mañana, me llamaron para darme una bonita noticia que, inevitablemente, premia por segunda vez a la misma carta y a mí. Me da que ésta va a ser la semana de los premios y los regalos. Genial.
Todo empezó, creo que ya lo he dicho pero por si acaso, hace dos años, con un “Hay un concurso en el Ayuntamiento de Cangas. La Casa de la Juventud abre un certamen de cartas de amor para el día de San Valentín. Nos vamos a inscribir ¿Te apuntas?”. Mi sempiterno y previsible “Nooo, gracias” fue sustituido por un inesperado “¡Claro!”. Primera increíble coincidencia: hacía una semana escasa que había escrito y publicado en el blog una carta de amor auténtica, dedicada y parida de un tirón en uno de esos momentos de alumbramiento de emociones y sentimientos que emborrachan hasta el éxtasis según van siendo escritos. Tranquilos, que pondré al final del artículo el enlace de la carta para que podáis ver lo bonita y romantiquísima que es. Ahora no, que os distraéis y perdéis el hilo.
Veréis, hay épocas en las que me siento fatalmente inclinada a creer ver símbolos y señales por doquier; en Febrero del 2.007 vivía una de ésas. Por supuesto, ni lo pensé. Presenté la carta y, alucina vecina, ganó el tercer premio. Increíble de nuevo. Mi sorpresa se convirtió automáticamente en maravilla. No me habían premiado a mí, habían premiado a mi amor, y no era para menos, porque era el amor más grande del mundo (esto lo digo en serio, pero lo disimulo porque me da como corte) mundial. Fascinante. Una señal indudable.
Antes de seguir, debo aclarar que mi sentido del romanticismo ha sido puesto en duda en numerosas ocasiones, ya que parece estar a mil leguas de una caja de bombones en forma de corazón; la misma distancia que termina separándome de la mano que la porte. Y así, hace dos años, el día de San Valentín, mi corazón brincaba como un loco a punto de infartarse, pero no porque fuese el 14 de Febrero, sino porque estaba enamorado más allá de la caja de bombones.
Me dispuse a recoger mi modesto y significativo premio acompañada de ese loco corazón palpitándome de razón y repleto hasta la asfixia de agradecimiento por mi suerte tan dudosamente merecida. Por fortuna, no fue mi única compañía porque no habríamos llegado. Uno de mis hermanos estaba casualmente (ya ya, casualmente, tercera “casualidad”…) dando un curso aquí y él y mi hijo fueron conmigo a recogerlo (mi amor vivía lejos y no podía). Yo ya les advertí que no iba a ser una celebración solemne porque se trataba de un Ayuntamiento muy modesto, pero mi hermano, que es muy protocolario, se empeñó en ir de traje y corbata a un evento tan relevante para él como arropar a la futura Nobel en el primero de los innumerables galardones que adornarían mi imparable carrera. Él fue de traje y corbata y a mí me dio apuro dejarlo sólo ante el ridículo así que también fui más arreglada de lo previsto. A mi hijo lo dejamos ir con sus vaqueros y eso, que fue el único que iba acorde con el acontecimiento. Pues ridículos no sé (que sí, que mucho) pero elegantes, un rato, los tres nos emocionamos un montón cuando me nombraron y me hicieron la foto recogiendo el sobre conteniendo los 90 euros (creo recordar) en metálico, que menos mal, porque si me llegan a dar un vale regalo no habría sabido en qué gastarlo y así, en metálico, se gastó sin saber en qué.
Ya he dicho que va por épocas y no siempre me fijo en los símbolos ni en las señales pero, siempre que me acuerdo, creo en los principios y los finales de las cosas. El premio fue el principio; la llamada del lunes, el final.
Una amable funcionaria de la Casa de la Juventud de Cangas me invitaba a ir el próximo sábado, día de San Valentín, a recoger mi ejemplar de un libro que habían editado con un recopilatorio de los textos premiados de los dos últimos años. Mi carta ha sido publicada y, aunque no recuerdo haber firmado ninguna autorización y no voy a ponerme quisquillosa con un asunto de amor tan bonito, de este modo me han vuelto a premiar por segunda vez, pero esta vez a mí. Y parecerá una tontería, pero me ha ilusionado mucho lo del libro, que puede que vuelvan a hacerme otra foto cuando lo recoja y, además, ya puedo morirme tranquila porque, si un par de páginas cuentan, yo ya he cumplido con todo: con el árbol, con el hijo y con el libro; por este orden.
El caso es que, simbología aparte, el del corazón al papel impreso ha sido un viaje muy hermoso, redondo, completo, con principio y final. Hemos llegado al fin del viaje, así que ahora toca dar paso al comienzo que siempre llega detrás que, en este caso, simbología aparte, ha resultado ser otro premio, o mejor, un regalo. ¿Me hago la interesante o lo cuento todo? Lo cuento todo.
El próximo domingo voy a tener un precioso regalo de cumpleaños. Sí, habéis leído bien, de cumpleaños. Me he estado pensando si confesaba o no, pero no me apetece hacer como que no cumplo porque luego me da mucha rabia que no me felicite la peña y eso. A lo que iba, que el domingo día 15 se va a editar otra entrega de la revista digital La Mesa Redonda de la que os hablé hace unas semanas. Ésta es en sí una muy buena noticia, pero es que además… tachán, se transforma en regalo porque... ¡me dejan hacer el gamberro con cuentos e historias que se estaban apolillando y que los locos estos dicen que pueden airearse en una sección! Sí, sí, como os lo cuento, ¡voy a tener una sección de cuentos en la Mesa Redonda! Yo creo que como tienen todavía hueco en la revista, no cuidan el espacio con escrúpulo, pero… aaahh, haberlo pensado antes, que ya se sabe, San Valentín San Valentín, si lo que se ofrece no se piensa, a mí plin. ¿A que es todo un regalazo?
Dos acontecimientos literarios que me alegran y me regalan el ego en el mismo fin de semana, es demasiado. ¿Se me subirá a la cabeza? ¿Emborrachará tanto como el éxtasis amoroso? Por dios, espero que sí, que desde que no fumo y voy al gimnasio y vivo los finales de los principios, mi vida carece de vicios y emociones extremas.
Y para terminar (no os quejéis, que es un artículo largo pero muy bonito), os pongo varios enlaces, uno es el de un vídeo cuyo tema hace mucho tiempo que me estoy cantando. No puedo poner el vídeo directamente porque parece que la inserción está "desactivada por solicitud", lo que no sé es de quién, si de los autores o de la discográfica o de las madres de los bailarines de las dunas, pero el caso es que no quieren compartir gratis; peor para ellos. De todas formas me gusta y me lo sigo cantando y me da una envidia tremenda la fiesta de la playa y os lo pongo.
Para el vídeo tenéis que pinchar AQUÍ.
Para cotillear La Mesa Redonda, AQUÍ
Para la carta, AQUÍ.
Otro día más, mejor, va a ser difícil. ![]()
Así que, no perdamos el tiempo.




el resto es cosa de la suerte...

Silvia dijo
Jolín, Marián, la carta es preciosa, de verdad.
11 Febrero 2009 | 10:34 AM