No siempre es divertido ser la mala
Cuando yo tenía unos doce años, la madre superiora de mi colegio, la hermana Mª Victoria, me paró en un pasillo al ir a entrar en clase después del recreo. Me retuvo un par de minutos para pedirme que escuchara algo muy importante que tenía que decirme. Me pidió que dejara de ser amiga de mis dos mejores amigas. Me dijo que si las quería bien, no debía seguir relacionándome con ellas porque yo las perjudicaba; yo era una mala influencia. No recuerdo las palabras exactas de su explicación, pero venía a decir que mis amigas eran muy listas y yo no tanto, y que mi compañía podía ensombrecer su desarrollo intelectual.
Afortunadamente, esta curiosa charla no me traumatizó ni me inquietó lo más mínimo, incluso pasaron varios años hasta que fui consciente de la crueldad de esa mala bruja. Mi respeto por los miembros del clero ya era nulo por aquella época y supongo que mis opiniones poco católicas no fueron nunca una buena credencial en el nido de arpías en el que tuve la desgracia de estudiar durante catorce años. Las tres nos reímos a carcajadas cuando se lo conté y, por supuesto, no sólo mis amigas siguieron siéndolo, sino que una de ellas es lo más parecido que tengo a una hermana.
Muchos años después, fue en una empresa muy conocida de mensajería urgente donde se me volvió a tachar de “persona non grata”. Imagino que la demanda en Magistratura y las cinco inspecciones que recibieron de mi parte no contribuyó a que me hiciese popular entre la directiva. Curiosamente, con mis compañeros, antes y después de los “desacuerdos laborales” fueron todos buenos momentos, y durante mucho tiempo, seguimos viéndonos siempre que nos apeteció. Tampoco me traumatizó este nuevo dedo señalándome como manzana podrida y también, al contrario, me enorgullecí de ser la mala de la historia.
Tercer momento acusador, hace pocos años. Después de separarme, un par de conocidas dejaron de relacionarse conmigo. Casualmente, fue tras cenar con sus maridos en sus casas e intentar explicar porqué no iba a querer arreglar mi recién terminada relación, cuando dejaron de poder quedar conmigo. La posibilidad de contagio me hizo ser aislada de la compañía de esas dos amantes esposas, como me explicaron en cuanto que pudieron hacerlo. Volvió a gustarme ser alguien de quien determinada gente debe alejarse.
Sí, hasta ahora, ser considerada una mala compañía, una influencia peligrosa, alguien a evitar, me ha llenado de orgullo. Hasta ahora. Hace poco he vuelto a oír decir otra vez “vade retro”, pero esta vez sólo estoy sintiendo una gran tristeza y una buena dosis de frustración.
Esta vez es distinto. Esta vez no importa si las razones para evitarme o alejarme me hacen reír. Esta vez da igual si no ser la persona “idónea” es justamente lo que más me gusta de mí misma. Las hermanas Mª Victoria, los directivos avariciosos, las personas cobardes y tiranas nunca me han importado lo más mínimo. Jamás han significado nada que no fuese un ejemplo de lo que desprecio y no deseo. Pero esta vez quien se siente mal por mi cercanía es alguien a quien quiero; esta vez a quien perjudico es a quien menos daño querría hacer.
Así que mientras me alejan, mientras me alejo, esta vez no hay giro en redondo con cabeza alta y corte de mangas al ritmo. No hay anécdota que comentar con los amigos hasta la última agujeta de reírnos. No hay medallas que colgar en mi particular diario de victorias. Tampoco hay decisiones que tomar, porque si alguien a quien quieres se siente desgraciado por no conseguir levantar una barrera infranqueable, no hay mucho que decidir, ni nada por lo que quedarse.
Sé que no tengo porqué sentirme nociva. Yo sé que no soy peligrosa sino en mundos retorcidos y extraños para mí. Aún así, esta vez no es diviertido ser considerada tan perjudicial como una adicción y tan dañina como un veneno.

Qué curioso... esta vez no es nada sexy ser la mala.
Así que, no perdamos el tiempo.





el resto es cosa de la suerte...

Cata dijo
Supongo que en absoluto será un consuelo que yo te diga que eres una de las personas mas buenas que conozco, y no lo digo por decir... Eres todo lo contrario a una mala persona, eres terriblemente inteligente, terriblemente querible, y a mi lo que me transmites a parte de muchísimo cariño es muchísima paz... no eres mala, a lo mejor si eres dura y certera pero ni de coña eres mala, ni una mala influencia, ni una mala compañía, ni una mala amiga...
Y por mi, la monja esa, los empresarios, las dos perfectas-esposas, y cualquier otra persona que te diga que eres mala se pueden ir a tomar por culo. Directamente.
Ven aqui que voy a darte un achuchón bien gordo!
18 Octubre 2008 | 05:51 PM