Una simple rana
En el 2006 publiqué esta "Carta de rana" en otro blog. Mi intención entonces fue la de curarme en salud ante la aterradora posibilidad de que alguien muy importante para mí me valorase más de la cuenta. Ser un sueño de amor asusta. A estas alturas, ese alguien, el hombre con el que siempre sentiré no haber compartido frenopático, tiene más que claro la diferencia entre princesas y ranas; seguro que por mucho que le fastidie, habrá acabado dándome la razón. Si se hubiese fijado mejor, me apuesto una membrana a que habría salido corriendo del estanque.
Hoy mi intención es la de volver a dedicárselo, con todo mi amor y mi mejor voluntad.
Soy una rana y croo.
Lo sé desde muy renacuaja. A mí no me parece malo ser una rana, lo que me hace sufrir es que me confundan con una princesa.
Si pudiese comparar mi piel verdosa y moteada con otras ranas, estoy segura de que me sentiría orgullosa de mí. Pero mi desgracia fue nacer en un estanque, dorado, lleno de príncipes y princesas. Ninguna rana, excepto yo.
Esto no favoreció crecer en armonía con mi entorno, ni asentar mi yo en bases seguras. Después, tampoco su ellos contribuyó a mi adaptación porque, inexplicablemente, con el tiempo, los demás empezaron a confundirme con una de los suyos. No importa cuántas veces haya escuchado decir "qué princesa tan encantadora" dirigido a mí, cuando salgo corriendo en dirección a cualquiera de los mil reflejos dorados del estanque, lo que veo sigue siendo una rana: yo.
Una adorable rana, me atrevería a decir, si pudiese comparar. Pero no puedo.
Yo sé porqué no me ven como soy. Los reflejos dorados acaban cegando a los príncipes y a las princesas. A las ranas no. Tenemos una vista a prueba de reflejos. Esto es lo que he deducido, aunque no pueda contrastar mi opinión. Aquí nadie croa además de mí.
Sí, yo croo. Soy una rana y estoy segura de que sería inmensamente feliz si hubiese nacido en el estanque adecuado. Cuando observo mi preciosa y viscosa carita con esos ojazos de mirada intensa a prueba de reflejos, me imagino cien iguales repartidas por otros tantos reflejos y me siento bien, muy bien.
No soy una princesa. Soy una rana, una guapísima rana, estoy segura. Y si supiese que alguien me entiende, me pasaría la noche croando, feliz.
Así que, no perdamos el tiempo.



el resto es cosa de la suerte...

supernova dijo
ya decía yo...recuerdo esta carta.tu otro blog.....tu..yo tampoco estoy en el otro bog...
ayssss, acabé de ranas hasta la coronilla!en realidad ya no sé en q creer, me gustó reecnontrarme con esto ;-)
un besazo amiga!
20 Julio 2008 | 03:17 PM