En torno a ti
Llevo ya muchos días muda, ciega y sorda. Tenía la esperanza puesta en el tratamiento: alejarme y alejar todo lo que pudiera alimentar mi circundarte, incluido lo que yo necesitase dejar salir. Le tenía fe a los tapones. Cerradas las compuertas, bajadas las persianas, desconectados los conectores… no te quedaría más remedio que ir desapareciendo, y yo dejaría al fin de dar vueltas alrededor de tu hueco. No; mala suerte. Ni siquiera te has menguado. Eres un agujero cada vez más grande. Pero en algo sí ha funcionado la estrategia, algo ha cambiado estos días, y es que ahora empieza a ser peor.
Tenía como aliada a la rabia y lo sabía. Mientras el enfado llenase tanto, la tristeza no se notaría. Ahora que la “indiferencia” ha desnutrido el motor de la ira, nos hemos quedado solas la tristeza y yo. Alejadas, aisladas, mudas… pero no ciegas ni sordas. No sé enquistarme, maldita sea. No he podido retener tu amenaza. No me ha dado tiempo a encerrarte como agravio. Vuelven nostalgias tóxicas. Vuelven recuerdos que deberían haber sucumbido al mal final. Vuelven, con una lucidez para diferenciar que me desarma, todo por lo que he deseado estar donde tú estás; en el mismo metro cuadrado, en la misma bolsa de aire, entre los mismos matices de luz.
Puedo empeñarme en seguir enmudeciendo a pesar de todo. Pero, ¿para qué? Qué importa realmente lo que diga o lo que haga ya. Qué más da que te dé o te quite sitio, si ya no es el mío. ¿A quién le importa que yerga la barbilla o baje la frente? Qué va a pesar menos o más si recoloco la espalda o dejo que descanse doblada. Nada. Sin rabia que me estaque, sin rencor que me endurezca, mi falta de alegría va a ser la misma sonría o no. No va a cambiar nada por medir palabras, ni por pronunciarlas ni por acallarlas. Se acabó. Solas la tristeza y yo. Nada que afecte ni determine más allá de mis círculos concéntricos en torno a ti. Una nueva estrategia: dejarme en paz; dejarme estar, y dejarme salir o entrar por la boca y por los ojos. Qué más da.
Eres de nuevo una nostalgia, un deseo inconveniente, un suspenso, un buen libro interrumpido, un pasado imperfecto, una triste compañía. Nada que quiera olvidar.
Así que, no perdamos el tiempo.



el resto es cosa de la suerte...

chipi dijo
'nostalgias tóxicas': ¡qué chulo!
las cosas del corazón... ainsssss (suspirazo)
un beso fuerte, marián.
10 Julio 2008 | 08:17 PM